I

Entramos al galope en febrero: febrero rebelde, de cara siempre
al sagrado compromiso con el pasado, el presente y el porvenir de la Patria.
No podía ser más luminoso el comienzo de febrero. El día 1º de este mes
celebramos el nacimiento de una de las tres raíces de nuestra Revolución
Bolivariana: Ezequiel Zamora, el General del Pueblo Soberano. Los que creyeron
haber matado al cara’e cuchillo, olvidaron enterrar el sonido de sus sienes
veladas / Zamora cabalga señores / ya los dientes del pueblo / están royendo los
muros de vuestro reino / y no es el desarropado ni el sordo ni el ciego de ayer
/ ahora tiene bandera, poetas y metal organizado, como cantaba El Chino Valera
Mora.
Tierra y Hombres Libres, Horror a la oligarquía, es la consigna que hoy se hace
cuerpo y alma en nuestros campos, ante la cual no nos queda sino decirle a esa
misma oligarquía junto con Valera Mora: Recojan la cosecha de vientos que
sembraron. Vientos que hoy se han convertido en huracán revolucionario.
II
2 de febrero de 2010: XI aniversario de nuestra Revolución Bolivariana hecha
gobierno y XI aniversario del llamado a una Asamblea Nacional Constituyente, la
cual sentaría las bases constitucionales de nuestra actual V República. No podía
ser más propicia la ocasión para juramentar a nuestro nuevo Vicepresidente
Ejecutivo de la República, Elías Jaua, y anunciar los nombramientos de Francisco
Farruco Sesto como titular del Ministerio del Poder Popular para la Cultura y
Alejandro Fleming como titular del Ministerio del Poder Popular para el Turismo.
«Dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de su mando, convoca la
soberanía nacional para que ejerza su voluntad absoluta», tal fue mi promesa en
la campaña electoral y la única razón por la que acepté ir a elecciones, y tal
fue la primera decisión de gobierno que tomé luego de ser juramentado como
Presidente de la República. Desde 1830 hasta 1998, nunca la soberanía nacional
había sido convocada para que ejerciera su voluntad absoluta. Mal podía haber
sido convocada cuando siempre había estado conculcada, mediatizada, y, desde
1958 a 1998, colocada al borde de la extinción total, definitiva: Venezuela era,
de facto, una colonia petrolera yanqui.
Son once años de gobierno, de batalla y en batalla, protagonizados por el
Pueblo, para darse a sí mismo la mayor suma de felicidad posible y conquistar la
igualdad establecida y practicada. Son once años del más pleno ejercicio de la
soberanía popular.
III
3 de febrero: natalicio del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre. No
podemos olvidar que el 4 de febrero de 1992 realmente se inició el 3, como
tributo a la memoria del infinito cumanés: bajo su inspiración casi toda una
generación de soldados patriotas salimos a dar la batalla por la dignidad del
pueblo.
“Cuando la América salió a dar su sangre por su libertad, entendió que lo hacía
también por la justicia, compañera inseparable. Sin el goce absoluto de ambas,
habría sido inútil su emancipación”, sigue diciéndonos Sucre desde la Cruz de
Berruecos.
IV
Grande y hermosa fue la fiesta popular que conmemoró los 18 años del 4 de
febrero de 1992, Día de la Dignidad Nacional.
Creo pertinente que pensemos el 4 de febrero en su justa y trascendente
dimensión, para fortalecer la memoria colectiva.
Digo todo esto pensando en nuestra juventud: a ella le toca renovar y actualizar
el significado del 4F, como parte integral del torrente continuo de nuestra
historia republicana, de nuestra ininterrumpida gesta independentista, de
nuestros 200 años de lucha.
Necesario es remitirnos a la voz de Kléber Ramírez y esa obra monumental que
lleva por título Historia documental del 4 de febrero. Ahí nos dice Kléber: “El
4F no coronó el propósito inmediato de la toma del poder, pero puso al
descubierto un mar de fondo de las contradicciones con que se dirige a la nación
venezolana y fue una sacudida política de tal magnitud, que revitalizó la
potencialidad de este pueblo imaginativo y peleador. Desde este punto de vista,
ese acontecimiento fue una necesidad histórica. El 4F dotó a la nación de un
objetivo estratégico en lo político: la nueva democracia, y anuló la validez de
los viejos planteamientos de todos los partidos existentes.
Recordemos de dónde vino aquel movimiento cívico-militar que, tras un arduo
trabajo de muchos años, se levantó en armas aquel febrero rebelde. Si bien es
cierto que el antecedente determinante de la insurgencia del MBR-200 se encarna
en aquel otro día de febrero que partió la historia nacional en dos, la
insurrección popular del 27 de febrero de 1989, el “mar de fondo” del que Kléber
nos habla, antecede al mismo Caracazo: nos remite no sólo a los años del
puntofijismo, sino a la estructuración gomecista del Estado venezolano.
Para 1992 el juego estaba completamente trancado: las armas de la crítica
tuvieron que dar paso a la crítica de las armas. La política entreguista del
puntofijismo llegaba a su más nauseabunda expresión con el programa neoliberal
puesto en práctica por Carlos Andrés Pérez: el país estaba subordinado al FMI y
el Banco Mundial y de rodillas ante el imperio; los partidos políticos se
dedicaban exclusivamente al saqueo y a la burla social; la dignidad del pueblo
venezolano estaba secuestrada. Teníamos que dar un paso al frente ante tal
estado de cosas, con el más puro compromiso con la redención de la Patria y para
devolverle al pueblo las armas de la República.
A todo esto debemos añadir la necesidad de revivir el legado revolucionario de
nuestro padre Libertador, líder y guía de nuestro movimiento. El 4F, Bolívar
volvió, para no irse nunca jamás.
Pero, sobre todas las cosas, fuimos, para decirlo con Bolívar, una débil paja
arrastrada por el huracán revolucionario. El huracán que desencadenó nuestra
rebelión aquel 4 de febrero de 1992, es el mismo que nos ha traído hasta aquí:
es el pueblo heroico de Venezuela y su gesta emancipadora de 200 años.
Hemos entrado al galope, pues, a nuestro febrero rebelde. Y con ello, iniciamos
los eventos preparatorios rumbo al memorable día que será el próximo 19 de Abril,
fecha que marca el inicio del Ciclo Bicentenario, esos veinte años que se
extenderán desde este 2010 hasta el 2030.
Será el ciclo definitivo, el tiempo de nuestra redención suprema, la era en la
cual haremos posible, ahora sí, un mundo nuevo: El Socialismo, el Reino de la
Justicia decía Bolívar, el Reino del hombre, decía Cristo.
Hacia allá vamos. Juntemos todas nuestras banderas, todos nuestros cantos, todas
nuestras emociones, pues la batalla será tan larga como hermosa.
¡Bienvenido el Ciclo Bicentenario 2010 – 2030!
¡Venceremos!
Hugo Chávez Frías
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