Las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia
(FARC) manifestaron este jueves
que mantienen su voluntad de
intercambio humanitario bajo
ciertas condiciones y divulgaron
un listado de "prisioneros de
guerra" con los nombres de tres
políticos y 26 soldados y
policías.
"En
una confrontación tan intensa
como la actual, donde se
presentan centenares de combates
diariamente y miles de hechos de
guerra por todo el territorio
nacional, es entendible que se
presenten además de muertes,
capturas de integrantes de las
fuerzas en lucha", señala la
organización alzada en armas en
un
comunicado
publicado por Anncol
(Agencia de Noticias Nueva
Colombia).
El Secretariado del Estado Mayor
de las FARC señala que "es
lógico" que la guerrilla y las
familias de los guerrilleros
presos los quieran "libres,
lejos del oprobio y la
humillación de las cárceles
gringas y de los calabozos de
máxima seguridad de Colombia",
por lo que anuncian que
"mantenemos la propuesta de
intercambio humanitario".
Las FARC exponen sus
condiciones, como que "cualquier
acercamiento o proceso que
pretenda avanzar en la
concreción del intercambio o de
acuerdos humanitarios que
protejan a la población civil de
la confrontación debe contar con
plenas y totales garantías y con
la participación y presencia de
países y gobiernos que brinden
total confianza. A estas alturas
de los acontecimientos ante los
ojos de propios y extraños es
evidente que el régimen
colombiano y el actual gobierno
en particular, mienten, engañan,
distorsionan, violan compromisos
y normas en medio del más grande
cinismo y la más pasmosa
impunidad".
El comunicado de las FARC expone
un listado de los"prisioneros de
guerra" que actualmente
permanecen en sus campamentos, y
que serían "canjeables" por los
guerrilleros presos en las
cárceles colombianas y de
Estados Unidos.
El ex parlamentario Óscar Tulio
Lizcano, el diputado regional
del Vale del Cauca (suroeste)
Sigifredo López y el ex
gobernador del departamento del
Meta (centro-este) Alan Jara son
los tres políticos que aún
permanecen cautivos.
Figuran también el coronel Luis
Mendieta Ovalle, los capitanes
Enrique Murillo Sánchez y
Guillermo Solórzano, y el
teniente William Donato Gómez.
Aparece igualmente el cabo
segundo Pablo Emilio Moncayo,
que fue tomado cautivo el 17 de
diciembre de 1997 y cuyo padre,
el profesor Gustavo Moncayo, ha
emprendido a pie varias
travesías de miles de kilómetros
para reclamar el intercambio
humanitario.
El también capitán Edgar Yesid
Duarte Valero, el teniente Elkin
Hernández Rivas, el sargento
Luis Alberto Erazo Maya, el cabo
segundo José Libio Martínez
Estrada, el agente Álvaro
Moreno, el soldado William
Yovani Domínguez Castro y los
cabos Luis Alfredo Moreno, Luis
Alfonso Beltrán, Luis Arturo
García y Robinson Salcedo.
Cierran la lista el sargento
Segundo César Augusto Lazo, los
cabos primero José Libardo
Forero y Salin Antonio San
Miguel Valderrama, los sub
tenientes Jorge Humberto Romero,
Carlos José Duarte, Wilson Rojas
Medina y Jorge Trujillo, el
sargento Harvey Delgado Argote,
y los agentes Juan Fernando
Galicio Uribe, José Walter
Lozano y Alexis Torres Zapata.
Por estos cuatro últimos (los
policías y el sargento), "el
gobierno no ha informado a la
opinión pública ni ha hecho
ningún reclamo, ya que por ser
humildes, poco le sirven para la
propaganda", afirman las FARC.
La mayor guerrilla de Colombia
realiza fuertes críticas al
Gobierno del presidente Álvaro
Uribe, aludiendo a los
escándalos sobre los nexos entre
políticos uribistas y
paramilitares, y la
investigación por las presuntas
dádivas a algunos parlamentarios
que, con su voto, permitieron
una reforma para la reelección
del gobernante en 2004.
"Respetamos profundamente el
sentimiento mayoritario de
quienes marcharon el pasado 20
de julio por la paz y la
libertad sin permitir el manoseo
del gobierno ni la manipulación
reelecionista, de quien se
quiere perpetuar en el poder
como dictador", afirman las
FARC, que descalifican "el
febril triunfalismo mediático
desatado por el gobierno luego
de la fuga de 15 prisioneros de
guerra el pasado 2 de julio".
Afirman que esta operación fue
"sencillamente un golpe de mano
dirigido por los servicios de
inteligencia de Israel y
ejecutado a partir de la
traición de dos mandos
guerrilleros, episodio nada
excepcional en cualquier
confrontación militar que no
afecta la estrategia ni la
concepción, ni mucho menos las
causas del conflicto".
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