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Con la muerte de George Carlin a los 71 años de edad, el
mundo perdió esta semana a uno de sus mejores comediantes.
Carlin desarrolló su carrera de comediante stand-up
durante medio siglo, tiempo durante el cual no dejó de
innovar, apuntando con su inteligencia y su genio hacia los
que ostentan el poder. Dejó una huella en nuestra cultura,
nuestros medios de comunicación y nuestro país a través de
su continuo flujo de monólogos que atravesaban tanto a
instituciones de izquierda como de derecha, al gobierno y a
las empresas como a la iglesia. Editó 22 discos de humor,
que le valieron cinco nominaciones a los Emmy y le hicieron
ganar cuatro Grammys. Fue el primer “presentador invitado”
del programa “Saturday Night Live” en 1975 y apareció en 130
emisiones de “The Tonight Show”. Protagonizó 14 especiales
de la cadena HBO y escribió tres libros que se convirtieron
en best-seller. También dejó una marca indeleble en
la emisora de radio en la que comencé mi carrera como
periodista, la emisora de Radio Pacifica WBAI 99.5 FM de la
ciudad de Nueva York.
El 30 de octubre de 1973, WBAI emitió el monólogo de Carlin
“Palabras Sucias”. Carlin escribió en su sitio web,
georgecarlin.com:
“Un solitario moralista profesional se queja a la FCC; la
FCC emite una advertencia de sanción a la emisora. La
emisora va a los tribunales”. Aquella batalla legal duraría
cinco años, llegaría hasta la Corte Suprema y determinaría
las normas para las leyes de indecencia en los medios, que
hasta el día de hoy siguen siendo enérgicamente discutidas.
No fue ni accidente ni coincidencia que parte del material
más polémico de este comediante iconoclasta se emitiera a
través de WBAI, de Radio Pacífica. La cadena Pacifica
Network fue fundada en Berkeley, California, en 1949, y su
emisora KPFA fue la primera emisora verdaderamente
financiada por los oyentes.
Por aquel entonces, la radio era tan abrumadoramente
comercial que Lew Hill, fundador de Pacifica, y otras
personas consideraban que no tenía valor alguno. Como Hill
escribió en su “Theory of Listener Sponsored Radio” (Teoría
de la radio patrocinada por los oyentes), “Si queremos que
la radio mejore, la premisa básica debe ser que los artistas
y los pensadores tengan un lugar en el que
trabajar-con-libertad”.
El 3 de julio de 1978, la Corte Suprema dictaminó que la
Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en
inglés) podía penalizar a WBAI por su emisión del monólogo
de Carlin, argumentando que la emisión de palabras
relacionadas con el sexo o la excreción (por ejemplo,
mear) cuando podía haber niños escuchando el programa
estaban prohibidas. Los jueces de la Corte Suprema William
Brennan y Thurgood Marshall manifestaron su desacuerdo, y
destacaron la “deprimente incapacidad [de la Corte] para
apreciar que en un país de pluralismo cultural como el
nuestro hay muchas personas que piensan, actúan y hablan de
forma diferente a los miembros de este tribunal, y que no
comparten sus frágiles sensibilidades”. Notablemente, 30
años después, este mismo asunto se pone en consideración de
una Corte Suprema decididamente más conservadora.
Recientes episodios de “lenguaje inadecuado” en boca de
famosos como Bono, Cher y Nicole Richie motivaron que la FCC
intentara conseguir un aumento de su poder para penalizar a
las emisoras. George Carlin llamó la atención sobre lo que
era realmente indecente en nuestra sociedad: el
comportamiento de los poderosos.
En efecto, salpicaba sus monólogos con malas palabras.
Estaba enfadado. Él, al igual que Pacifica, le dieron voz a
puntos de vista disidentes y necesarios que estaban casi por
completo excluidos de los principales medios de
comunicación. George decía: “Estados Unidos fue fundado
sobre una muy básica doble moral. Este país fue fundado por
dueños de esclavos que querían ser libres. ¿Tengo razón? Un
grupo de dueños de esclavos que querían ser libres, así que
asesinaron a un montón de blancos ingleses para poder seguir
siendo dueños de sus negros africanos, de modo de poder
aniquilar al resto de los indígenas de piel roja y avanzar
hacia el oeste y robarles el resto del terreno a los morenos
mexicanos, para disponer así de un lugar desde donde
despegar y lanzar sus armas nucleares sobre los amarillos
japoneses. ¿Saben cuál debería ser el lema de este país?
Enséñanos un color, y lo eliminaremos”.
Su prolífica obra continuará inspirando a las generaciones
venideras.
Versión en Inglés, traducido por: Ángel Domínguez y
Democracy Now! en español,
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